Como dice Henning Mankell, escribo en la tradición literaria más antigua del mundo, la que utiliza el espejo del delito y del crimen para reflejar las gentes, sus males, miedos y miserias.
¿De que hablan las tragedias griegas sino de crímenes?

Además, mis relatos negros se inspiran en noticias reales; no al pie de la letra, pues entonces serían crónicas, sino en factores de la noticia, personajes, situaciones concretas, contradicciones, escenarios, especial ferocidad... Porque estoy convencido de que la realidad es más bestia que la ficción.

16/6/12

La avaricia rompe el saco


Eran dos. Encapuchados. Y esgrimían sendas pistolas automáticas. No eran fetén: réplicas perfectas de Glock de 9 milímetros, la pistola que no se encasquilla. Réplicas. Pero daban el pego. 
 
Uno amenazaba con la pistola al dueño y a un tipo relamido que le enseñaba un muestrario de joyas. Un representante.

El otro se guardó la pistola full en el bolsillo del pantalón y esgrimió un mazo de peón caminero. Los amenazados ni se habían fijado en el enorme martillo. Una pistola encañonando la cabeza absorbe un huevo la atención.
El del mazo rompió una vitrina con joyas junto al mostrador. Un testarazo contundente. Contundente, pero con tan mala pata que el mazo resbaló y se machacó el pie derecho.

Una cascada de blasfemias remató el accidente, mientras los cristales que fueron vitrina se desparramaban por la joyería. Un cristal fue a clavarse en la pierna derecha del atracador macero. Causó un corte profundo y el forajido ya no paró de jurar en hebreo. Si no quieres caldo, dos tazas. La herida empezó a sangrar. 

El del mazo era sin duda un chorizo con muy mala pata.

Ocurrió en una joyería de medio pelo en un barrio cutre de un pueblo sin gracia que toca a la capital.
El del mazo lo tiró al suelo, sacó un pañuelo pringoso del pantalón y vendó la sangrante herida.
 
Dame tu pañuelo, pidió al compañero de delito.

Me lo dejarás hecho un asco, protestó el otro.

No me jodas, ¿vale?

En el interín, el joyero y el representante de joyas ni respirar. Como la mujer de Lot. Petrificados.

El ladrón herido cortó por fin el flujo de sangre de la pierna con el pañuelo del compañero. Lo dejó hecho un asco. ¡Cómo mancha la sangre!

El herido recogió las joyas escampadas por el local y las metió en una bolsa del pan que llevaba. También vació en la bolsa las joyas del representante, mientras el otro desvalijador apuntaba al comercial a la cabeza con la pistola. Por si acaso. Como el tipo no sabía que era de pega, se meó encima.

Los bandidos huyeron. El del mazo a la pata coja y el otro, metiéndole prisa. Subieron acelerados a un Seat Ibiza aparcado en doble fila y el automóvil salió zumbando hacia la autopista.

El atracador cojo y herido se quejaba.

No seas jeremías, tío. No es nada.

¿Nada? Me gustaría verte con el pie aplastado y un corte en la pierna.

Por torpe.

¿Te rompo la cara?

Siguieron departiendo sin que la sangre llegara al río hasta ver el rótulo de entrada a la autopista. El herido y machacado decía no poder más. El pie le dolía un montón y la herida de la pierna sangraba de nuevo.

Llévame a Urgencias.

¡Sí, hombre!

Me llevas a Urgencias o te abro la jeta con el mazo.

Vale.

El Ibiza no entró en la autopista y continuó hasta Urgencias del hospital más cercano.

Tranquilo, calmó el herido al que ileso. Diré que estoy de obras, tiraba un tabique, me di en el pie, rompí un jarrón y un pedazo me cortó.

No colará.

Sí. No pasará nada.

Pero pasó.

Los sanitarios no sospecharon, pero, con la prisa para que lo atendieran, al asaltante lastimado se le cayó la Glock del bolsillo.

¡Redios!

Lo trincaron y avisaron a la guardia civil.

No le valió decir que era un pistola de juguete. No porque llevaba la bolsa de pan con las joyas. Se la había llevado porque no se fiaba del compinche.

Cantó y arrestaron al otro. Y ambos acusaron al joyero atracado porque había planificado el robo. El inductor. ¡No se iban a joder solo ellos!

¿Se atraca a sí mismo para cobrar el seguro?, preguntaron los guardias.

También, pero sobre todo para trincar las joyas del representante. Les dijo que sobre todo destrozaran la vitrina con un mazo. Para disimular.

Todo hubiera ido bien de no tener que romper la puta vitrina con el puto mazo.

La avaricia rompe el saco. O quizás esas cosas pasen por la crisis.

3 comentarios:

  1. Este relato no sabe uno por donde tomarlo. Es historia negra, pero con ese atracador tan gafe...me recordó "atraco a las tres" y casi me muero de risa...¡lo que hace la crisis!¡el joyero es el culpable!
    Muy bueno Xavi!
    Besos!

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  2. Me reído un montón, creo que éste es tu mejor estilo para la "crónica negra"

    Nen, tú vales mucho. Sí ya sé que lo has trabajado, pero te ha salido redondo, no como a esos pringaos de tu cuento.

    Me ha encantado, Xavi.

    TQ

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